Se quiera o no, siempre es más confortable hacerlo así, sintiendo el fresco de la noche. Anoche, sin embargo, los zancudos debieron enfadarse de lo lindo al no encontrarnos dentro de la casa, porque cuando nos tuvieron nos cosieron como odres. Mire, doctor, ¿ve las ronchas por todo el cuerpo? No, deje, no se preocupe, nos aliviamos con vinagre. Ya sabe, el campo. Pues le digo que así nos dejaron a todos, salvo a Lirta. Y eso nos preocupa, doctor, porque algo debieron verle moscas y mosquitos para dejarle inmune, y a eso venimos, a que la examine usted por lo que pudiera ocurrirle. La niña come a gusto, hace bien de vientre, no tiene sudores ni escalofríos, nada que nos indique qué puede tener. Tan sólo que desde anoche no hemos conseguido que articule palabra. Pregúntele usted algo. ¿Ve? Nada, ¿verdad? Vuelva a preguntarle algo, pero acérquele ahora el oído a sus labios. ¿Lo oye? ¿Oye algo así como un zumbido persistente? Es todo cuanto sale de su boca. Usted dirá, doctor.
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